“El cerebro del niño” (1): estrategias 1 y 2

Últimamente he visto mucho interés entre las mamás por las redes sociales hacia el libro “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la menta en desarrollo de tu hijo“, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.

Está muy baratito para Kindle en Amazon, así que si tienes el eReader y te interesa el tema no dudes en comprarlo. Lo puedes hacer a través de este enlace.

He encontrado dos problemas principales con la lectura de este libro. Por una parte, parece que hay un poco de miedo a que sea demasiado técnico. No lo es, todo lo contrario, es bastante sencillo, aunque se trate de divulgación científica, el libro va dirigido a padres, y por tanto es fácil de leer y muy práctico. Por otra parte, os falta tiempo para poder darle a esta lectura. La verdad es que no es nada pesado y se lee rápido, pero aun así, si os parece, he pensado que os puedo ofrecer un resumen de lo más importante del libro.

He de decir que, aunque el libro en general me parece útil, creo que el título es bastante exagerado. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente… permítanme que lo dude. A mí me da la sensación de que la mayoría se parecen mucho, al menos en su base, y se aplican de diferente manera según la situación, pero bueno, aun así ya digo que su lectura puede ser muy beneficiosa para papás, y también para maestros.

La estructura del libro está muy bien organizada. Hay una introducción en la que se dan unas pinceladas superficiales a las características del cerebro de los niños y en la que te preparan para entender todo lo demás, y el resto se divide en 5 partes, en cada una de las cuales encontramos una explicación sobre un aspecto del cerebro que se va a trabajar y a continuación una o varias estrategias o técnicas a desarrollar relacionadas con el mismo. Ellos mismos definen estas estrategias como la manera natural de enfrentarse a las situaciones adversas, y animan no sólo a seguirlas sino a explicárselas a los niños de manera explícita, un punto que me gusta bastante.

Este libro nos anima a ver esas situaciones que quieres dejar atrás, en las que sólo intentas sobrevivir, como una oportunidad para ayudar al niño a progresar y hacerse más poderoso emocionalmente.

Y sin más dilación, empezamos con el resumen ;)

¡A ejercitar el cerebro!

El libro se va a basar en el concepto de integración, que es lo que ayuda a las distintas partes del cerebro a trabajar juntas como un todo. La integración coordina, equilibra y mantiene unidas las distintas partes del cerebro, por lo que nos ayuda a tomar mejores decisiones, tener un mayor control de nuestro cuerpo y nuestras emociones, comprendernos plenamente a nosotros mismos, a tener unas relaciones más sólidas y un buen rendimiento escolar. El problema es que para los niños es un proceso muy difícil, porque el cerebro está poco desarrollado (de hecho no lo estará del todo hasta los 20 años).

Por otra parte, el cerebro, sobre todo el de los niños, es dúctil y maleable. Esto quiere decir que las experiencias cambian la estructura del cerebro, por lo que es lógico pensar que mediante estas experiencias podemos “reconfigurarlo” para ser más sanos y felices. Además, debemos desarrollar los distintos elementos del cerebro por se parado, ejercitándolo a la menor oportunidad, y facilitar la integración entre esas partes.

Por último en esta especie de introducción se habla de la salud mental. La definen como la capacidad de permanecer en un río de bienestar. Debemos imaginarlos la vida como ir remando en piragua por un río. Se trata de un río con una orilla en la que reina el caos, es decir, el no control, y otra orilla en la que reina la rigidez, es decir, el control excesivo. Para, efectivamente, tener salud mental, hemos de remar por en medio de este río, sin acercarnos a los extremos, puesto que esto produciría un bloqueo de la integración.

Y tras esta introducción, nos metemos de lleno en la llamada integración horizontal. ¿En qué consiste? Muy fácil, tenemos dos hemisferios en nuestro cerebro, el cerebro izquierdo y el derecho, muy diferentes entre ellos. El hemisferio izquierdo es más racional, puesto que en él encontramos el orden, la lógica… se trata de un hemisferio literal y lingüístico, y basado en la relación causa-efecto. El hemisferio derecho, por su parte, tiene un carácter más intuitivo, holístico y no verbal. En él reinan las emociones y sensaciones, las imágenes, los gestos, los recuerdos personales. Está influido por el cuerpo y las zonas inferiores del cerebro (de las que se hablará más adelante), y predomina en niños pequeños (sobre los 3 años), para los que no existe lógica (de hecho, podemos ver la activación del cerebro izquierdo cuando empiezan a preguntar por qué), responsabilidad ni tiempo.

Pues bien, es muy importante que ambos hemisferios actúen conjuntamente (y de hecho el cerebro está diseñado para ello), puesto que si hay un claro dominio del hemisferio izquierdo, estaremos ante un desierto emocional, en el que se negarán las emociones y además se volverán demasiado literales (como ocurre sobre todo en los niños mayores); pero es que si hay un claro dominio del cerebro derecho, lo que encontraremos será un aluvión emocional, que tampoco es plato de buen gusto para nadie.

Para ayudar a los niños en esta integración horizontal (cuando vemos indicios de que está predominando un lado sobre el otro), se habla de dos estrategias.

La primera estrategia se llama “Conecta y redirige“. Si el niño se encuentra ante un aluvión emocional de los que hemos mencionado previamente, lo primero que tenemos que hacer es conectar nuestro cerebro derecho con el del niño. ¿Cómo? Reconociendo sus sentimientos (“Estás frustrado, ¿verdad?“), utilizando señales no verbales, contacto físico… y sólo cuando se ha “conectado” emocionalmente y se ha recuperado el control, es posible “redirigir” con el lado izquierdo, es decir, empezar a tratar los problemas de manera racional, establecer límites y buscar una solución juntos.

La segunda estrategia se llama “Ponle nombre para domarlo“. La verdad es que es un nombre con gancho, aunque lo que quiere decir es que se han de contar historias. Por ejemplo, si un niño ha tenido una experiencia desagradable, le va a ayudar mucho contarlo para entender lo que ha ocurrido. De esta manera le dará sentido a su experiencia, de manera que sentirá que tiene mayor control sobre sí mismo. Eso sí, debemos respetar siempre cómo y cuándo quieren hablar, no obligando en ningún momento. Además, se ha de elegir un momento con el humor adecuado, que suele ser cuando está haciendo cualquier cosa que le distraiga. Seguro que alguna vez te has sentido muy mal y no has podido dejar de pensar en lo horrible que es todo, de manera que cada vez te sentías peor. Eso es porque se establece un circuito emocional que se retroalimenta en el hemisferio derecho. Ponerle nombre al sentimiento (haciendo actuar, por tanto al hemisferio izquierdo, que recordemos que es quien domina el lenguaje) reduce la actividad de ese circuito y por tanto ayuda a que el niño se sienta mejor. Con los niños más pequeños, tendremos que convertirnos nosotros en los narradores (preferiblemente con humor), y se recomiendan los libros caseros con dibujos con las propias experiencias para esta actividad.

Y hasta aquí la primera entrega de este ciclo de “El cerebro del niño”. Si tenéis alguna duda, no tengáis ningún reparo en preguntar. Espero que os resulte útil. El próximo día iremos con la integración vertical y 3 estrategias más.

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9 pensamientos en ““El cerebro del niño” (1): estrategias 1 y 2

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  5. Hola Seño Punk, me encanta tu blog pero una pregunta… se puede comentar cómo has hecho con todo lujo de detalles un libro así o hay que pedir permiso? Porfi, te ruego una respuesta. Gracias

  6. Pingback: ¿quieres conocer un poco más sobre el cerebro de los niños? |

  7. Pingback: Carta a ese alumno que tanto me ha enseñado | Entre Actividades Infantiles

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