Yo no quiero formar parte, gracias.

Prometo que no miento si digo que a mí me gusta leer todo tipo de comentarios y artículos sobre educación, y me gustan especialmente los que meten un poquito de caña, más que aquellos que pintan un mundo multicolor con unicornos y otros seres celestiales. Es por ello que en Twitter sigo y leo con atención a muchos profes que no se identificarían con mi manera de ver la educación, porque muchas veces, a pesar de ello, estoy de acuerdo con ellos, y también porque me gusta leer a todo aquel que tiene dos dedos de frente y puede hacerme reflexionar sobre cualquier cosa, incluso sobre cosas que tengo muy claras.

Pero últimamente veo en Twitter un par de corrientes entre docentes que hacen que me entren los 7 males.

Por un lado estan los que echan pestes sobre todo aquello que huela a innovación o a pedagogías alternativas.

Que no todo este conjunto es maravilloso, ya lo tengo yo muy en cuenta. Por poner un ejemplo, la flipped classroom que ahora está tan de moda no me parece que aporte prácticamente nada. Quiero decir con esto que no me trago todo lo que lleve la etiqueta de “innovación”, y de hecho me considero bastante crítica al respecto. Pero valoro muchísimo a todos aquellos profesionales que intentan poner su granito de arena para que la educación despegue de ese cómodo y mullidito suelo “tradicional” que deberíamos ver como lava; y trato de buscar aquello que va más con mi manera de ver la educación, con mis gustos y mis manías (porque, sí, todos las tenemos), con lo que me apetece hacer y lo que creo que puede serme útil a mí y a mis alumnos y alumnas.

¿Que a usar juegos en el aula lo quieres llamar “gamificación”? Me parece maravilloso porque con ese nombre tiene más gancho y habrá más maestros y maestras que se apunten al carro. ¿Que dices que en realidad el término se refiere a usar los juegos de tablero que ahora también están tan de moda? Pues genial, todo lo que pueda agradar al alumnado, motivarles y conseguir que se conviertan en actividades de provecho es bienvenido.

Pero últimamente veo demasiadas voces coreadas por demasiadas otras voces que no paran de decir que los niños y niñas no van al colegio a divertirse, que lo que importa es que aprendan los conocimientos que les transmitamos, que es ridículo llamar innovación a elementos que se propusieron hace 100-200 o yo qué sé cuántos años, que si no bajan las ratios todo esto no sirve de absolutamente nada, y un largo etcétera. Insisto en que yo soy la primera que huye de gurús educativos que no han pisado un aula desde hace millones de años, si es que la han llegado a pisar, o que se venden a editoriales o incluso empresas que deberían ser muy ajenas a la educación como los bancos; pero no porque digan cosas como que la motivación es clave, que no sólo hay que transmitir contenidos, o porque recuperen ideas y corrientes pedagógicas que han estado ahí de adorno para que los estudiáramos en la escuela de magisterio y si te he visto no me acuerdo. Todo eso puede quedar, y por desgracia por lo general es lo que suele ocurrir, en papel mojado, ya sea porque es muy bonito de decir y muy difícil de hacer, o porque directamente no llegamos a comprender la complejidad de lo que te están explicando (sí, ocurre, no nos engañemos). Pero eso es lo que hay que criticar, el hecho de que todo quede en frases bonitas en redes sociales, sin aplicar ni una milésima parte de lo que realmente importa. Si alguien dijo hace siglos algo muy importante, no se debe descartar por tratarse de algo antiguo o que alguien ya pensó antes que tú. No se trata de reinventar la rueda, es muy lícito recuperar lo que ya se entendía como algo lógico pero no se ha llegado a aplicar nunca a gran escala, analizarlo desde la perspectiva de la sociedad actual (que no se nos olvide este paso), y poner en práctica lo que creamos que es positivo para el alumnado, sin importar que lo llamemos “innovación”, “desaprender”, o “joder, si Fulanito tenía razón hace un huevo de años y no le hemos hecho jamás ni puto caso”. Y por supuesto que el primer cambio en toda aula debería ser bajar (y mucho) la ratio, pero eso no está en nuestra mano por ahora, y no podemos quedarnos de brazos cruzados y hacer “lo de siempre”, pues aunque tenga menos “efectividad” (por llamarlo de alguna manera) con una ratio alta, cualquier mejora, aunque sea menor de lo que cupiera esperar, debe ser bienvenida.

Para mí, esos docentes que se encargan de ridiculizar cualquier propuesta que se hace en este sentido, son, sintiéndolo mucho por los que no se sientan a gusto con esta clasificación, aquellos que están muy cómodos con la escuela tradicional, la de llenar las cabecitas vacías del alumnado con cosas que deben aprender a memorizar y usar de una única manera posible, que es mucho más cómodo que tratar de hacer autocrítica (esa gran desconocida) y averiguar en qué sentido puede cambiar la propia práctica para mejorarla. Son los que creen que su práctica es perfecta tal cual es, y ya lo único que les queda es enseñar a los demás, porque ellos ya lo saben todo. Las vacas sagradas que por fin se han comprado un smartphone. Y parece que los hay a patadas.

Vaca sagrada

Y por otro lado, hoy más que nunca se ha creado una comunidad en la que los docentes queremos ser intocables, y en la que nadie puede señalar que hay profesores, profesoras, maestros y maestras que van a trabajar porque es su manera de ganarse la vida, pero que entre sus planes no se encuentra dar lo mejor de sí mismos, preocuparse realmente por sus alumnos y su aprendizaje, porque si he puesto 15 ceros en toda la clase no es porque yo no he sabido llegar a ellos, sino porque ellos no se amoldan a mí, que es lo que tienen que hacer.

¡Pero los hay! ¡Y muchos! Obviamente, no podamos señalar con el dedo a nadie en redes sociales, porque en ese contexto es imposible identificarlos; pero eso no quiere decir que no existan, ni muchísimo menos. Sin embargo, ahora resulta que si alguien lo dice en Twitter, de repente todos los docentes se sienten aludidos y ofendidos, como si se hubiera metido en el saco a todos los maestros que lean la frase, en plan “tonto quien lo lea”. No sólo tenemos la piel muy fina, no sólo nos sentimos aludidos sin que se nos haya acusado de absolutamente nada (que por otra parte suena a inseguridad, ¿no?), sino que además se acaba diciendo que es que deberíamos ser una comunidad más unida. Vale, es bonito lo de estar unidos, pero en realidad… ¿más unidos para qué? ¿Para que nadie pueda señalar que puede que algunas cosas no se estén haciendo todo lo bien que se debería? ¿Para que todo siga igual y nada cambie? Cuando somos los pacientes que sufren una negligencia médica y los doctores se tapan entre ellos “porque son una comunidad muy unida”, tenemos muy claro que eso está feo, ¿no?

Y es que al final somos un país (no sé si una especie) de extremos: o eres basura y no me gustas para nada, o eres de mi equipo y todo lo que hagas está maravillosamente hecho.

Pues yo no quiero formar parte de una comunidad así, gracias.

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2 pensamientos en “Yo no quiero formar parte, gracias.

  1. Así se habla!!! con tacos y todo, me ha sonado genial. Yo tampoco quiero ser de esa comunidad…espera, que yo no soy profe homologada, que suerte tengo de que no se me meta en ese saco, me tocaría hacer como tu. Este tiene mucha relación con aquel otro artículo que escribiste sobre la evaluación de los guías (maestros o en mi caso monitores de ocio, con titulo no oficial en educación) hecha por ellos mismos. palmadita en la espalda, somos estupendos y no cometemos errores. Son los demás los que deben corregirse porque yo y dios debemos ser lo mismo.
    Estoy de acuerdo en que no todo el monte es orégano (ni hierba parecida) pero algo habrá que hacer, porque el modo de subirlo no parece funcionar igual con todos.
    No te tomes a mal las críticas/opiniones online, sin dar la cara es fácil opinar. porque acabarás como yo. Sin tiempo para hacer otras cosas por estar contestando memeces. Se tu, que de esos hay pocos, y que las vacas sigan comiendo la hierba que haya en ese monte que trepamos. cuando llegues a la cima te reirás de todos ellos, ahí pequeños en la distancia entretenidos con lo que hay en el suelo.

  2. ¡Gapy, teailoviu! Jajajaja Relacionando posts actuales con otros que escribí hace bastante tiempo y todo, ¡ole! Al final quienes ganan y llegan a la cima (si ponemos todo de nuestra parte y tal) son los peques, así que ¡a tope! Y la verdad es que hasta el momento he recibido pocas críticas, al menos hacia lo que yo he escrito personalmente… Y sin embrgo muchos profes agradecen este tipo de posts críticos, así que ¡seguiremos adelante sin mirar atrás! Un besito, guapa, y millones de gracias por cada uno de tus comentarios, que siempre me llenan de alegría y energía positiva :)

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