Usar Literatura Infantil para trabajar con las familias y adultos

Hoy es el día mundial de los derechos de la infancia, y, como diría con cualquier día reivindicativo, no hay nada que celebrar, sino que de hecho queda mucho por hacer. Hoy veo muchos cartelitos bonitos por redes sociales, e incluso actividades para que los niños y niñas tomen conciencia de cuáles son sus derechos y puedan hacerlos valer. Todo eso está muy bien, pero lo más importante es que nosotros mismos los respetemos y sobre todo que concienciemos a los demás adultos de cuáles son sus deberes y responsabilidades para con la infancia. Hoy presento una forma de hacerlo un tanto diferente.

Hay libros infantiles con mensajes muy potentes que en realidad no van dirigidos a los peques sino al mundo adulto, y voy a hablar de algunos de ellos, pues los guardo para lanzar mensajes a otros docentes y sobre todo a las familias.

Creo que algunos están descatalogados, porque yo ya los he pillado de saldo, pero en ese caso siempre podemos recurrir a nuestra biblio de referencia.

¿Qué tal si leyéramos algunos de estos libros en reuniones con las familias? Puede ser un momento muy bonito e incluso puede dar para un provechoso debate. Echemos un breve vistazo a estos 6 ejemplos, que así será más fácil visualizarlo. Serán, eso sí, reseñas más cortas de lo habitual, porque me centraré en el uso que se les puede dar en la concienciación de los adultos para preservar el respeto a la infancia.

“Entre Algodones”, de Jeanne Willis.

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Es la historia de Tono, un ratoncito que es el pequeño de todos sus hermanos. Su mamá le cuida mucho para que no le pase nada, y quiere que se quede en casa con este mismo objetivo. Pero es tan aburido estar en casa sin poder salir… La abuela le dio la idea de envolverlo entre algodones para que pudiera salir sin correr peligro, y Tono por fin pudo salir. ¿A un mundo sin peligro? No, a tono le pasan muchas cosas peligrosas, que hacen que se le vaya cayendo el algodón por el camino y finalmente pueda vencerlas sin ayuda. Tono vuelve a casa muy orgulloso porque ahora se siente capaz, y aunque a su mamá le sigue dando miedo, no puede hacer otra cosa que dejarle salir de casa a partir de entonces sin el algodón, pues ha demostrado que puede valerse por sí mismo. “A veces tuvo miedo, y a veces se hizo daño. Pero, desde luego, mereció la pena“.

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Este mismo mensaje de que no podemos sobreproteger a nuestros hijos e hijas, sino que tienen que enfrentarse a los peligros por ellos mismos para aprender a hacerlo, lo podemos decir nosotros mismos como docentes a las familias, pero con un cuento así, el poder de la literatura bien hecha hace que las familias se identifiquen con el personaje de la madre, porque ellos también quieren mucho a sus hijos y temen que algo malo les pueda pasar, y por tanto cuando la madre del cuento recibe una lección, de alguna forma también la reciben aquellos que se identifican con ella, y cala mucho más hondo que si viene de palabrería que apenas les interesa ;)

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“Matilde Pompas”, de Roberto Aliaga.

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Este es otro cuento con una moraleja parecida, pero hay una diferencia crucial. La historia de “Matilde Pompas” es mucho más dura, y no aprendes la lección junto al protagonista, sino que ves las consecuencias que puede tener esa sobreprotección en su extremo.

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Lo que en un principio parece un alegre cuento sobre una mujer cuya profesión es hacer pompas, y que además las utiliza para proteger las cosas, acaba con un final muy triste, pues le hace tres pompas a un niño que vive en la calle para protegerle, pero sin saberlo ha condenado a dicho niño a encerrarse en sí mismo, a la sordera y a no saber del calor ni del frío para siempre. Tenía tan buena intención…

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Al leer el libro se te encoge el corazón, impacta mucho en las entrañas y deja una imagen que no quieres reproducir jamás, y por eso, de nuevo, creo que el mensaje vuelve a calar con mucha más intensidad que si simplemente sale de nuestras palabras.

 

“Enfadados”, también de Roberto Aliaga.

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Esta historia se puede utilizar para ilustrar lo grande que se puede llegar a hacer una tontería si la llevamos por el camino de la ira, pues se trata de dos sapos amigos que se enfadan tanto que acaban destruyendo sus respectivas casas en sus arrebatos de ira.

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Pero para mí lo más importante y lo que más significado tiene es el final, pues casi a modo de apoteosis para liberar tensiones, los sapos ven una mosca, lanzan sus lenguas y la cazan a la vez, de manera que la última página es una vecina que dice “¡Se han besado!”, “¡Ya no están enfadados!”, cuando no hay ningún otro signo de que realmente hayan dejado de estar enfadados.

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Este final da pie para preguntar “¿Acompañamos de manera adecuada las emociones de los niños y niñas si cuando se enfadan les pedimos que se den un besito y ya no pasa nada?”. Podemos decir por activa y por pasiva que eso no es así, que “daros un besito que sois amigos” no zanja ningún problema y no es respetuoso para con ellos y ellas, pero esta situación que presenta “Enfadados” es tan estúpida y tan fácilmente extrapolable que realmente es una prueba de ello.

 

“Armando” de Fernando Pérez Hernando.

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No es la primera vez que hablo de este libro, pues lo incluí entre los 8 libros para desterrar los roles de género, porque Armando es un niño que, a pesar de que su padre quiere e intenta por todos los medios que le guste el futbol como cree que debe gustarle a cualquier niño por el mero hecho de serlo, prefiere jugar a tomar el té con sus muñecas, y además lo cuenta de una manera muy muy graciosa.

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Pero no sólo le veo posibilidades para hacer entender a los adultos que no hay juegos de niños y juegos de niñas, sino que cada uno puede jugar a lo que quiera y no hay nada de malo en ello. Creo que se puede ir mucho más allá y acabar con la conclusión de que si queremos a nuestros hijos no debemos ir en contra de su naturaleza, sino más bien apoyar el tipo de persona que elijan ser, sin condiciones, incluso aunque tengamos nuestras ilusiones y aspiraciones al respecto.

 

“En tus brazos” de Esther Llopis Meneu.

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Éste es uno de los cuentos más chulis que he conocido de entre aquellos que se dirigen directamente a los adultos. Martina Repentina nos presenta varios tipos de papás y mamás desde su perspectiva de niña, de manera que casi sin querer nos sentiremos identificados con alguno de ellos.

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La forma de hablar sobre ellos hará que nos parezca un poco ridículo el papel que nos representa, y al final nos damos cuenta de lo poco que ayudamos con nuestros respectivos comentarios y comportamientos cuando la peque rompe a llorar porque se ha hecho daño, momento en el que simplemente necesita estar en los brazos de su mamá.

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Es bonito e incluso gracioso, pero de nuevo la magia de la empatía hace que también llegue bastatne profundo su mensaje y te toque el corazoncito, haciéndote reflexionar sobre qué tipo de adulto eres y te gustaría ser respecto de la infancia. Además viene con una guía para acompañar (que no cortar) el llanto que será muy útil.

“Pájaros en la cabeza”, de Rocío Araya.

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Y creo que este es uno de mis libros favoritos del mundo mundial. Trata de una niña que habla con su maestra y le hace preguntas fuera de lo común, preguntas que además tienen mucho que ver con cómo tratamos a la infancia y cómo educamos, hechas de una manera que, de nuevo, llegan al corazón y ponen patas arriba lo que llamamos educación tradicional de la manera más dulce que puedas imaginar.

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“¿Por qué los mayores siempre tienen prisa?”

Quizá éste va más dirigido a maestros que a familias, ¿qué tal si lo leemos con otros docentes a los que queramos hacer reflexionar? Creo que con todas y cada una de las preguntas tenemos para un buen debate.

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“¿Puedo ser buena y al mismo tiempo feliz?”. Uf, esta pregunta hasta me duele…

¿Qué os han parecido? ¿Los conocíais? ¿Los trabajaríais con las familias en una reunión de clase u os parece una tontería usar literatura infantil con adultos de la misma manera que lo hacemos con los niños y niñas?

Por mi parte, seguiré buscando libros como estos, que me hagan cuestionarme mi propio buen hacer en mi trabajo y mi relación con la infancia en general, tal día como hoy por su efeméride y siempre.

 


 

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